Antropología Filosófica
Antropología
Naturaleza, objeto y método de la Antropología
filosófica
Actividad 1 : Escribo un ensayo
sobre: ¿Quién soy yo? ¿Qué hacer de mi vida para que sea una vida plena, feliz?
1. LA PREGUNTA SOBRE EL HOMBRE
«Todos los hombres desean saber».[1] La aspiración natural de
todo hombre por alcanzar la verdad y la sabiduría se encuentra desde los
orígenes mismos de la humanidad. Este saber se dirige de manera especial hacia
el hombre mismo, porque la pregunta acerca de la verdad del hombre afecta a lo
más íntimo de la felicidad y destino humano. «¿Quién soy yo?»: «¿qué he de
hacer de mi vida para que sea una vida plena?»; «¿existe otra vida después de
la muerte? ». Estas preguntas son
las formuladas, de manera más o menos explícita, en todo filósofo, o mejor
dicho, en todo hombre y en toda cultura. Por esta razón, Juan Pablo II afirma:
«Tanto en Oriente como en Occidente es posible distinguir un camino que, a lo
largo de los siglos, ha llevado a la humanidad a encontrarse progresivamente
con la verdad y a confrontarse con ella. Es un camino que se ha desarrollado
—no podía ser de otro modo— dentro del horizonte de la autoconciencia personal:
el hombre cuanto más conoce la realidad y el mundo tanto mejor se conoce a sí
mismo como ser único en su género, y al mismo tiempo cada vez más se pone ante
él la pregunta acerca del sentido de la realidad y de su propia existencia.
Todo lo que se presenta como objeto de nuestro conocimiento se convierte
por ello en parte de nuestra vida. La exhortación "Conócete a tí
mismo" estaba esculpida sobre el dintel del templo de Delfos, para testimoniar
una verdad fundamental que debe ser asumida como la regla mínima por todo
hombre deseoso de distinguirse, en medio de toda la creación, calificándose
como "hombre" precisamente en cuanto "conocedor de sí
mismo"».[2]
La definición de hombre como
«conocedor de sí mismo» parece relevante desde el punto de vista antropológico.
Sin embargo, la pregunta del hombre sobre sí no se limita a su propia
individualidad. Es posible que la cuestión sobre el hombre se plantee en
términos de «¿quién soy yo?», de modo análogo a como un niño se pregunta
«¿quiénes son mis padres?», o «¿cómo soy yo?», es decir, atendiendo a la
propia singularidad. Pero cuando estas cuestiones se universalizan adquieren el
estatuto de filosóficas. Los términos del problema ya no se plantean dentro de
los límites de la particularidad, sino de la universalidad y esencialidad:
«¿qué es (esencialmente) el hombre (todo hombre)?» […].
«Conócete a tí mismo»: este ideal filosófico del hombre griego
continúa viviendo en el hombre contemporáneo, incluso de manera más urgente.
Sin embargo, a pesar del empeño por conocerse más a sí mismo, el hombre sigue
siendo en gran medida un misterio para el hombre […].
2. DELIMITACIÓN DEL TÉRMINO «ANTROPOLOGÍA»
La etimología de la palabra «Antropología» proviene del griego anthropos (hombre) y logos (tratado o ciencia): así pues, nos
encontramos frente a una ciencia o disciplina acerca del hombre. La utilización
de este término aplicado a la ciencia del hombre es relativamente reciente.8 Kant, por ejemplo, define la An tropología como «una
doctrina del conocimiento del hombre ordenada sistemáticamente». La definición
apenas citada resulta lo suficientemente amplia para acoger lo que ahora
entendemos por Antropología filosófica, pero tiene el inconveniente de ser
excesivamente vaga e imprecisa. De hecho, el término «Antropología» encierra
cierta ambigüedad semántica, puesto que son muy diversas las ciencias que
tienen por objeto al hombre. En efecto, «lo primero que evoca hoy el nombre de
antropología es un conjunto de conocimientos empíricos o positivos (...) que
se preocupan de la especie humana, de su origen, de la prehistoria, de las
razas y costumbres primitivas, etc. (paleoantropología). En un sentido más
amplio, "antropología"' puede designar todos aquellos conocimientos
de orden histórico, psicológico, sociológico, lingüístico, etc. que aborden
desde distintas perspectivas el "fenómeno humano" ("ciencias
humanas"). Pero el término admite todavía un significado distinto y más
radical: aquella reflexión última sobre el ser del hombre y su constitución
ontológica, que forma parte de la filosofía (...) y posee como tal una
dimensión metafísica».10
Así pues, a la hora de sistematizar
los distintos saberes sobre el hombre se pueden distinguir, al menos, tres
tipos de disciplinas:
a) Antropología física o
etnografía. Es el estudio del hombre desde el punto de vista físico; es
decir, estudia los rasgos corporales, morfológicos y fisiológicos de los
individuos o grupos humanos, según las diversas localizaciones geográficas y
climáticas. En otras palabras, realiza el tratamiento sistemático de las razas
humanas y el origen de las mismas. Esta disciplina aporta datos muy reveladores
sobre la dimensión corpórea del hombre, pero resulta insuficiente porque
metodológicamente no puede acceder a los aspectos espirituales del mismo. Se
debe evitar el peligro de una visión reductivista del hombre que pretende
agotar la realidad humana reduciéndola a un aspecto de la misma. Este
reductivismo sólo es posible desde unos presupuestos cientificistas.
b) Antropología cultural o
etnología. Esta disciplina se centra en el análisis de la historia,
estructura y desarrollo de las diversas culturas humanas. «Es la ciencia que
estudia los modelos típicos de comportamiento de un grupo humano pata descubrir
los códigos o reglas de hábitos o tendencias, tanto en el lenguaje, en las
acciones, en las técnicas y en las creaciones como en sus normas socio-políticas,
su filosofía, su arte y su religión».11
El objeto de estudio de la antropología cultural son los efectos y obras
«objetivadas» del espíritu humano, pero no estudia directamente la naturaleza y
esencia del ser humano. No obstante, proporciona datos muy valiosos que
corresponde a la
Antropología filosófica tratar desde la perspectiva
metafísica.
c) Antropología filosófica o
Filosofía del hombre. Es un estudio sistemático del hombre por sus causas últimas
y principios esenciales del ser y obrar humanos. Éste es el centro de
nuestra reflexión: nos proponemos estudiar al hombre en su globalidad. De esta manera los otros dos sentidos del término son
asumidos pero desde una perspectiva diversa: «Ésta es, en parte, la tarea de la
"antropología filosófica"; ella podría establecer un fundamento
último y unas metas unitarias a esa abigarrada serie de disciplinas especiales
que hoy se ocupan del hombre: la física, la biología, la etnología, las
ciencias psicológicas y sociales, las ciencias de la cultura, etc.».13 Para evitar la ambigüedad del término
«Antropología» nos referiremos a ella también como «Filosofía del hombre» donde
se aprecia de manera más explícita el carácter filosófico de la reflexión
sobre el hombre.
Actividad 2: ¿Cuál es la
etimología de la palabra antropología? ¿Cuáles son las disciplinas
antropológicas? Explica cada una de ellas.
¿Cómo se define antropología?. En base a lo leído realiza tu propia
definición de antropología.
3. OBJETO DE ESTUDIO DE LA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA
Como ya se apuntó anteriormente, la Filosofía del hombre, en
cuanto disciplina filosófica, se propone como objeto de estudio el hombre en
sus dimensiones esenciales. Es decir, mira al hombre no desde sus aspectos
accidentales o cambiantes, sino desde la unidad que proporciona el saber
último sobre la realidad. «Esta "antropología filosófica” se propone la
cuestión de "qué es el hombre" en su sentido más profundo y radical,
que ha sido común a los filósofos de todos los tiempos».14
Es precisamente la consideración
filosófica (y en última instancia metafísica) lo que lleva a que se estudie al
hombre en su globalidad, y no
aspectos parciales del mismo. La
parcialidad del objeto de estudio es propia de las ciencias particulares,
que con métodos propios y diversificados se proponen analizar algunas
dimensiones específicas de su objeto. Así, por ejemplo, la paleoantropología
estudia el origen de la especie humana partiendo del análisis de los restos fósiles
humanos que se conservan: las conclusiones a las que se llegan pueden
constituir una ayuda para la
Antropología filosófica, pero los datos aportados por esta
ciencia son sectoriales. De la misma manera, para la Antropología
sociocultural resultará interesante conocer mejor los hábitos alimenticios de
los nativos de las Islas Fiji, pero ese estudio carece, en principio, de
relevancia para la Filo sofía
del hombre. Desde otro punto de vista, para el médico puede ser de enorme
interés conocer la patología de los enfermos de hígado, pero puede dejar indiferente
al filósofo que se pregunta por la radicalidad (esencialidad) del ser humano.
Por último, para el sociólogo puede ser básico saber estadísticamente qué piensan
los ciudadanos del siglo XXI sobre el papel de la ONU en el concierto internacional;
pero esos datos estadísticos no deberían alterar a quien se cuestiona el modo
de ser y obrar del hombre en cuanto hombre.
Con esto queremos hacer ver que
ninguna ciencia particular sobre el hombre (ya se llame paleoantropología,
sociología, medicina, etc.) puede llegar al núcleo último de la realidad
esencial del mismo. Corresponde a la Antropología filosófica realizar la síntesis de
esas disciplinas particulares desde una perspectiva metafísica. En definitiva,
podemos decir que «el objeto de la antropología filosófica es el estudio
filosófico del hombre, es decir, el estudio de su esencia, para encontrar una
respuesta a la pregunta: "quién es el hombre", tomado en la unidad y
en la globalidad de su existir y de su naturaleza».15
La Antropología
filosófica es la disciplina que tiene por objeto al hombre, estudiado por sus
últimas causas y principios más
radicales: estudia al hombre y sus operaciones esenciales en su globalidad.
No pretendo ocultar, con esta sencilla
definición, las dificultades implícitas que acerca del objeto de estudio de la Antropología
filosófica se han planteado desde diversas instancias. En primer lugar, el existencialismo
de Sartre niega que exista una esencia del hombre. Una concepción del
hombre —típicamente moderna— coloca lo más específicamente humano en el hecho
de que el hombre posee una «plasticidad» tal que puede comportarse «como un
dios o como una bestia». Gracias a su libertad, el hombre es dueño de su propia
existencia y puede «hacerse a sí mismo». No posee, por tanto, una naturaleza
fija y estable: el sujeto humano, mediante su obrar libre va configurando su
propia esencia […].
Otra dificultad proviene de parte de la tradición fenomenológica, que repara en el hecho de que el objeto de estudio es a la
vez el sujeto de esta ciencia. La cuestión central es: «¿Puede un sujeto ser, a
la vez, sujeto y objeto de una ciencia? Por otra parte, si del hombre hacemos
un objeto científico ¿no lo deformamos en su misma realidad de sujeto? Pero si
no hacemos de él un objeto ¿cómo podemos conocerle? De suyo, la persona parece
inobjetivable, en una cierta medida, porque a diferencia de cualquier otro
ente de la naturaleza su ser parece no estar fijado ni ser fijable (...) sino
que consiste primariamente en un realizarse dinámico del ente que somos como
sujetos».17 Si estas preguntas no reciben una
respuesta adecuada habremos de considerar la imposibilidad de poseer un conocimiento
intelectual «objetivo» del hombre.
Max Scheler es el filósofo que
con mayor claridad se planteó esta dificultad. Según él, la persona humana es
«inobjetivable» desde el conocimiento intelectual. A diferencia de lo que
sucede con el resto de los seres naturales, el hombre no es un «objeto» sino un
«sujeto». Considerarlo como un «objeto» lleva consigo la pérdida de su especificidad.
El hombre no es una «cosa» en el mundo (un qué) sino una «persona» (un quién):
la consideración «objetualista» deforma lo que la persona realmente es, puesto
que nos proporciona únicamente una visión abstracta del sujeto humano. Y la
persona es algo único, irrepetible. Scheler piensa que objetivar personas es
perderlas como personas, y por esta razón sostiene que el único camino
apropiado para tener «experiencia» de la persona es el conocimiento
no-objetivo o «empático». Un ejemplo nos puede ayudar a comprender la posición
de Max Scheler. Hay una serie de conocimientos que el hombre posee de modo
adecuado únicamente por experiencia propia y no porque otros se lo hayan
contado. Por ejemplo, yo «no sé» realmente qué es el frío hasta que lo he experimentado.
En efecto, puedo llegar a comprender una explicación física de lo que es el
frío, así como los efectos que produce en el organismo; pero ninguna
explicación racional (objetiva) puede sustituir la experiencia personal de
«sentir frío» (o miedo o alegría). Pues de manera similar, a la persona humana
solo puedo acceder a través de una experiencia subjetiva de «empatía» o connaturalidad
con su existir concreto.
[…] Esta breve descripción […] nos habla de la
peculiaridad de la persona humana, pero no invalida la capacidad de conocer «objetivamente»
al hombre. De hecho, la objetivación es posible en el autoconocimiento o cuando
examinamos los motivos de nuestra conducta. Conocer «objetivamente» no
significa «hacer un objeto al hombre»; quiere decir que, como sucede con
cualquier otra realidad, al hombre puedo «ponerlo frente a mí» (obiectum) y, a través de su obrar llegar a
descubrir algunos aspectos esenciales que me sirvan para responder de manera
cada vez más plena a la pregunta radical ¿qué es el hombre? Es cierto que no
podemos tener un conocimiento pleno del sujeto personal, pero «el problema no
está, por tanto, en la objetividad, sino en el carácter parcial de ella. El
objeto no se nos da nunca de modo pleno, ni intensiva ni extensivamente. Captamos
aspectos».19 Así pues, afirmar que nuestro
conocer es «objetivo» quiere decir que todo conocimiento es sobre algo «y a su vez, ningún
conocimiento es definitivamente claro y distinto. No hay nada de lo que
podamos decir: lo conozco perfectamente».20
[…] Aplicada esta postura
inmanentista al conocimiento del hombre, se puede llegar a afirmar que el
objeto de la filosofía del hombre es «lo que e1 hombre piensa de sí mismo», «la
representación que el hombre tiene de sí mismo» o «la autocomprensión o autoconciencia
del hombre». Estas afirmaciones son válidas siempre y cuando no nos
hagan olvidar que ese conocimiento es del hombre mismo, el sujeto personal de
carne y hueso […].
El descubrimiento de la verdad
esencial, ya lo hemos dicho, no puede ser total, porque siempre se podrá
conocer más y mejor el «misterio» o «enigma» del hombre. Además, el
conocimiento sobre el hombre no es repentino. Para acceder a lo esencial del
hombre es preciso partir de su obrar, que es lo más manifiesto para nosotros.
Este proceso de acceso a la realidad esencial del hombre es lo que constituye
el método o modo de proceder de la Antropología filosófica. Pero antes de pasar a
tratar del método es preciso poseer una primera noción acerca del tipo de
realidad que nos proponemos estudiar (objeto de estudio) para poseer los
instrumentos metodológicos adecuados que permitan un conocimiento global, y no
fragmentario, de la persona humana.
Actividad 3. Realiza una dramatización sobre el objeto de
estudio de la Antropologia.
Explica lo dramatizado
4. LA PRECOMPRENSIÓN DEL HOMBRE COMO ESPÍRITU ENCARNADO
Uno de los problemas principales de toda ciencia lo constituye siempre
el punto de partida: «¿por dónde empezar?». Cualquier pregunta siempre se
encamina a saber algo nuevo; pero toda pregunta se realiza desde un cierto
saber ya. En otras palabras, en el caso del hombre, «para poder formularse este
interrogante, el que pregunta antes debe
tener una idea de sí mismo», aunque sea una idea vaga, confusa e
indeterminada. […] Si podemos distinguirnos, es que nos conocemos. Y, sin
embargo, no. Ante un interrogatorio mínimamente agudo, no sabemos dar cuenta
con precisión de lo que somos y de quiénes somos. Esa distancia entre el saber y el no saber obliga a caminar, a cubrir
ese tramo, y eso es el método. Para
ponerse a andar, a reducir la paradoja de que, sin duda, sabes, pero caes en la
cuenta de que no sabes, hace falta primero que todo tropezar, quitarte la seguridad primera, y así caer en la cuenta de que no sabes.
Afortunadamente nuestro
conocimiento del hombre no ha de partir de cero. En efecto, el conocimiento
espontáneo (el sentido común) nos proporciona valiosas informaciones acerca
del ser humano. Es todavía un conocimiento vago y no sistemático, pero puede
constituir el punto de partida de nuestra investigación. Nuestro conocimiento espontáneo se nos hace presente con
facilidad en la experiencia cotidiana, pero está mediado también por una
tradición cultural y una historia.
[…] percibimos espontáneamente el miedo a la muerte, el
deseo de justicia, el amor a la verdad y a las personas, el ansia de
felicidad, etc. Todas esas experiencias subjetivas nos sirven para postular, al
menos teóricamente, una dimensión que trasciende lo instintivo y material: es
decir, nos hablan de la dimensión espiritual del hombre. Es posible que, como
consecuencia de nuestra posterior reflexión antropológica, lleguemos a la
conclusión de que el ámbito de la espiritualidad responde a una ilusión humana,
una creencia infundada. Tendremos entonces que replantearnos la existencia de
esa dimensión espiritual en el hombre. Pero no parece legítimo negar de entrada
el valor de esa creencia como verdadera. De hecho, a lo largo de la historia
de la cultura y de las civilizaciones es fácil comprobar la constante creencia
de que en el hombre están presentes estas dos dimensiones constitutivas.
En efecto, en la historia de la
conciencia filosófica ha habido un consenso casi generalizado en destacar dos
principios en el hombre: cuerpo y alma, o materia y espíritu. De esta manera.
Platón concebía al hombre como un alma encerrada en un cuerpo, mientras que
Aristóteles definía al hombre como un «animal racional». En la actualidad se
prefiere hablar del hombre como de «un espíritu encarnado», «un cuerpo
espiritualizado», «un espíritu en el mundo» o «un espíritu en el tiempo», etc.
Todas estas descripciones tienen en común el destacar el aspecto corpóreo y
espiritual a la vez., como rasgo distintivo del hombre con respecto al resto
de los vivientes.
[…] El método de la Antropología filosófica,
si quiere alcanzar lo más radical del hombre, debería ser capaz de dar cuenta
de la dimensión corporal y espiritual del hombre. Una metodología que a
priori concibiera al hombre como «puro espíritu» o «sólo materia» se manifestaría
insuficiente para dar cuenta de la realidad del hombre: se trataría necesariamente
de metodologías reductivas.
Un posible reductivismo es el materialismo.
Para el materialismo el hombre sólo se compone de un
principio, la materia, de tal manera que no existe una diferencia esencial
entre el hombre y los demás seres vivos. Toda la realidad es materia, que
existe desde siempre y por lo tanto no ha sido creada por nadie. La materia
evoluciona según unos procesos inmanentes y en sus estados más avanzados se
presenta como conciencia. En realidad, lo que denominamos alma o espíritu no
son más que «epifenómenos» (manifestaciones) de la materia. Además, si el
hombre es nada más que materia, entonces es susceptible de ser completamente
comprendido desde las ciencias experimentales, que se caracterizan por el uso
exclusivo del método empírico-positivo.
Otro posible reductivismo es la
postura contraria, que presentará al hombre esencialmente identificado con el
espíritu. La pregunta «¿qué es el hombre?» se reduce a «¿cuál es la esencia del
alma?». Esto es lo característico del espiritualismo, de marcado sabor
platónico. La gran dificultad para los espiritualistas es explicar el hecho de
[…] que el hombre «está» en un cuerpo y, por eso, en realidad su problema se
reconduce al de las relaciones entre el alma y el cuerpo, aspecto que
trataremos al hablar de la unión sustancial en el hombre.
En definitiva, se trata de
subrayar ahora que la presencia en el hombre de dos elementos heterogéneos
(alma y cuerpo, o espíritu y materia) reclaman que el método de la Antropología
filosófica sea capaz de acceder tanto a las dimensiones materiales como
espirituales de la persona humana. En caso contrario obtendríamos sólo una
visión incompleta y deforme de lo que es la persona humana.
Actividad 4: Realiza
un mapa conceptual sobre la precomprensión del hombre como espíritu encarnado.
5. EL MÉTODO DE LA ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA
En las ciencias se entiende por método el camino o proceso para
alcanzar el conocimiento de algo. El conocimiento de la compleja realidad
humana (cuerpo y espíritu) debe atenerse en primer lugar a la diversidad de
planos epistemológicos […].
5.1. Los planos metodológicos
En
ocasiones se ha reparado la presencia a lo largo de la historia de dos enfoques
fundamentales a la hora de abordar el estudio de la persona humana. […] Pensamos
que la realidad humana es tan rica y compleja que no puede abarcarse con una
sola mirada. Es necesario aproximarse a ella desde diversas perspectivas o
planos metodológicos. […] En definitiva, para acceder
a la realidad humana hemos de distinguir diversos planos de estudio:
a) Plano de la exterioridad:
Se trata de considerar de modo
experimental al ser humano, como un «objeto» más dentro del mundo material.
En efecto, el hombre gracias a su dimensión material y corpórea es susceptible
de ser analizado por las ciencias empíricas (por ejemplo, la psicología
experimental, la etnografía, la paleontología, la sociología, la genética,
etc.). Estas ciencias se caracterizan por la experimentación y observación
sistemática de los fenómenos físicos. Este método científico es necesario para
descubrir aspectos de la esencia humana, pero resulta insuficiente porque el
hombre no es sólo un objeto físico susceptible de observación experimental,
sino que es fundamentalmente un sujeto, una persona (un «quién»), con una
dimensión espiritual, que escapa a la observación empírica. Con esto, no
queremos decir que estas ciencias experimentales no proporcionan conocimientos
útiles para la Antropología
filosófica: lo que queremos afirmar es que este plano empírico-positivo debe
ser integrado con otros planos epistemológicos, y sobre todo, «leer» esos datos
empíricos desde una perspectiva metafísica.
b) Plano de la interioridad: La experiencia
humana no sólo se puede hacer «desde fuera», es decir, considerando al hombre
como un objeto físico susceptible de un estudio empírico o estadístico. Para
«desentrañar» la realidad humana hay que acceder al hombre «desde dentro», es
decir, describiendo los estados de conciencia del sujeto humano. En este
análisis consiste el método fenomenológico propuesto por Husserl y otros
autores contemporáneos como Max Scheler. Según la metodología fenomenológica se ha de analizar el obrar humano desde
la propia existencia, mediante la descripción
de los fenómenos vitales a partir de cómo se presentan a mi subjetividad.
c) Plano metafísico: La
aproximación a la realidad humana no se puede reducir a la perspectiva de la
ciencia experimental: la aplicación unilateral del método
científico-experimental es la postura propia del cientificismo, cuya consecuencia inmediata es una concepción
materialista del hombre. La superación del cientificismo proviene de la
adopción de otros planos metodológicos y de una lectura metafísica de los datos
empíricos. Desde este punto de vista, cabe definir la Antropología
filosófica como: «un saber que tiene por objeto al hombre, y que (...) se
constituye como una síntesis de conocimientos aportados por las ciencias
biológicas, las ciencias humanas y ciencias sociales, en el plano filosófico,
lo que en último término significa una comprensión metafísica de los
conocimientos aportados por las ciencias positivas al conocimiento del ser humano».29
[…] Como ya hemos apuntado anteriormente, la metodología
propia de la Filo sofía
del hombre requiere trascender el plano de la experiencia (ya sea objetiva o
subjetiva) hasta alcanzar un conocimiento último de la compleja realidad humana.
Por eso, la Antropología
filosófica no se contrapone a la perspectiva metafísica: más bien se
complementan mutuamente. «En este sentido, la metafísica no se ha de considerar
como alternativa a la antropología, ya que la metafísica permite precisamente
dar un fundamento al concepto de dignidad de la persona por su condición
espiritual. La persona, en particular, es el ámbito privilegiado para el
encuentro con el ser y, por tanto, con la reflexión metafísica».
5.2. Los pasos metodológicos
Desde una perspectiva científica, podemos decir que, como sucede con
todo conocimiento, también en la Antropología filosófica debemos partir de la experiencia
para remontamos después a las causas y principios esenciales de la realidad.
Sin embargo, la noción de «experiencia» es susceptible de recibir, en el caso
de la Antropología
filosófica, un doble tratamiento: desde la exterioridad y desde la interioridad
en correspondencia a los planos metodológicos antes mencionados.
[…] En efecto, el modo ordinario de conocer que tiene el
hombre es proceder de lo más conocido hasta lo menos conocido, es decir,
mediante una cierta comparación se aprecian las semejanzas y desemejanzas lo
que permite una primera categorización de la realidad. También el hombre como
objeto de estudio admite este tipo de conocimiento analógico. La realidad humana
presenta rasgos comunes con el mundo material, y más todavía con el resto de
seres vivos, y de entre éstos se asemeja más a aquellos animales superiores
dotados de conocimiento sensible. Es bueno conocer aquellos aspectos de la
realidad comunes a los dos reinos (animal y humano), pero sin obviar las
grandes diferencias que hay entre los dos, ya sea a nivel meramente orgánico
(el cuerpo de una rata o un mono es bastante diferente al de una persona
humana), ya sea a nivel espiritual (del que no se encuentran signos en el
mundo animal).
Así pues, el punto de partida de
nuestra investigación es la experiencia. En realidad, «experiencia exterior» y
«experiencia interior» son indisociables en el ser humano «La experiencia que
el hombre puede tener de alguna realidad exterior a sí mismo está siempre
asociada a la experiencia del propio yo, de forma que nunca experimenta nada
exterior sin al mismo tiempo tener la experiencia de sí mismo».
Hay que tener en cuenta que la
esencia o naturaleza no se descubre de modo inmediato, sino a través del obrar.
De acuerdo con el adagio escolástico de que «el obrar sigue al ser» podemos
descubrir la naturaleza a través de sus operaciones. Por ejemplo, es fácil
deducir la presencia de hombres a partir de determinados restos arqueológicos:
no se sabe de ningún otro ser que se construya casas para vivir. De los efectos
producidos por la actividad humana se alcanza un aspecto específico de su
naturaleza. Por lo tanto, el modo correcto de proceder de la Antropología
filosófica sería partir de la descripción de los fenómenos y del obrar
humanos (ya sea desde la exterioridad objetiva o ya sea desde la interioridad
subjetiva), para pasar después a un análisis inductivo que devele lo
esencial del mismo. Por último, mediante un proceso deductivo (vuelta al
sujeto particular) se enriquece progresivamente el conocimiento de la esencia y
del obrar del hombre. Por esta razón, puede decirse que el método de la Antropología filosófica
es a la vez descriptivo-experimental, inductivo y deductivo, según
el siguiente proceso: «El primer paso, la descripción, suele denominarse
análisis fenomenológico, en su sentido amplio de descripción de fenómenos. El
segundo paso suele denominarse análisis ontológico, y es un momento inductivo.
Hay todavía un tercer momento, que se acostumbra llamar deductivo, y que
consiste en deducir de la esencia del fenómeno otras propiedades que han de
pertenecerle y que no han sido tomadas de la experiencia».
Es importante respetar este orden
en el modo de conocer. Los tratados clásicos de psicología racional han sido
en ocasiones considerados como deductivistas en la medida en que tomando
como punto de partida los principios metafísicos (el alma y sus facultades) se
deducen sus actos y operaciones. Ciertamente una antropología deductivista
correría el peligro de convertirse en una antropología «abstracta» donde el
hombre particular no sena capaz de reconocerse a sí mismo. El deductivismo antropológico
lleva a considerar la esencia metafísica del hombre como desconectada del
sujeto humano real, que es particular, irrepetible e histórico.
Actividad 5: Explica
los planos y los pasos metodológicos de la antropología filosófica.
Bibliografia
García Cuadrado,
José Ángel. Antropología filosófica. Una
introducción a la filosofía del hombre. Pamplona, Universidad de Navarra,
2001, pp. 21-35
[1] Aristóteles, Metafísica, I,
1
[2] Juan Pablo II. Fides et ratio.No.
1 en Anuario Filosófico, 32 (1999),
pp. 689.696
8 Clásicamente el estudio filosófico
del hombre se incluía en los tratados De
anime («Acerca del Alma»); con el tiempo, pasó a denominare Psicología: Psiqué (alma) y logos
(ciencia). Este término de Psicología era todavía el empleado para referirse al
tratado sobre el hombre hasta el siglo XX. En la actualidad parece más acertado
hablar de Antropología filosófica o Filosofía del hombre, porque el hombre no
es sólo su principio vital o alma, sino
una realidad más compleja compuesta de alma y cuerpo.
10 Ibáñez Langlois, J.M. Introducción
a la Antropología
filosófica. 5ª edición. Pamplona, EUNSA, 1999, pp. 11-12
11 Vélez Correa, J. El hombre: un
enigma. Antropología Filosófica. México, Consejo Episcopal Latinoamericano,
1995, p. 33
13 Ibáñez Langlois, J.M., Op. Cit, p. 14
14 Ibid., p. 12
15 Basto, G. Filosofía dell’uomo. Bologna,
Edizioni Studio Dominicano, 1995, p. 9
17 Valverde, C. Antropología
filosófica, Valencia, Edicep, 1995, p. 28
19 Alvira, R. La razón de ser
hombre. Ensayo acerca de la justificación del ser humano. Madrid, Rialp,
1998, p. 49
20 Ibid., p. 52
29 Choza, J. Antropología
Filosófica. Madrid, Rialp, 1988, p. 16

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